Convencidos de que el conocimiento libera, nacimos en 1992 en la Unidad Penal Nº 4 de Villa Floresta de la ciudad de Bahía Blanca, perteneciente al Servicio Penitenciario Bonaerense.
Teníamos claro que el aparato represivo de la dictadura estaba intacto dentro de las cárceles argentinas. Conocíamos los niveles de corrupción que sostenía el sistema penitenciario y de las mafias que operaban en su seno.
Sospechábamos que el poder económico neoliberal produciría más y más pobres y que estos cuerpos serían la materia prima de una de las industrias más perversas de las últimas décadas: la industria de la pobreza, de la cual la cárcel es una de las patas más rentables.
Producto de la necesidad surge el proyecto de comunicación popular de Radio La Cantora. Su nombre ”cantora” fue elegido por los integrantes del colectivo, en relación al aparato de radio.

El surgimiento del proyecto con todas sus actividades está ligado directamente a la necesidad vital de enfrentar al discurso hegemónico desde y en su propio seno. Elegimos como herramienta  la comunicación popular desde la perspectiva dada por su objetivo: la liberación. Instancia generada por la recuperación de la palabra mediante las prácticas que la abordan a partir del debate colectivo, como forma de parir un pensamiento crítico de la realidad.

“Es una forma de estar en la trinchera, aunque parezca mentira, porque si bien no lo queremos ver así, como trinchera, yo digo la trinchera porque me siento identificado con mi clase, digo trinchera porque de este lado estamos los más necesitados, lo más desprotegidos, los que siempre fuimos patoteados...” dice Ricardo, interno del Penal de Sierra Chica.

La Cantora como producto de los invisibilizados de la sociedad, es independiente de todo organismo hegemónico, esto es, del Servicio Penitenciario, de los partidos políticos, de organismos estatales y agencias internacionales. Un año les tomó a los facilitadores consolidar el colectivo de trabajo dentro de las unidades penales de la Provincia de Buenos Aires. Se logró con un primer número de sesenta presos/as, quienes ejercieron las presiones necesarias hasta lograr “la negociación” con los jefes del penal, que consolidaría los talleres.
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Lo relevante de Radio La Cantora, es su permanencia en el tiempo. Las autoridades penitenciarias no escatimaron esfuerzos en su intento por  desarticular el proyecto. Con recetas históricamente conocidas como lo son la represión física y psicológica sobre los cuerpos de sus integrantes. Trasladándolos sistemáticamente de unas a otras unidades penales, alejándolos así de sus familiares y compañeros/as, al detectar la producción de pensamiento crítico. Otros fueron asesinados.

A pesar de las torturas sufridas, de la violencia ejercida por los uniformados, la palabra continuó fluyendo de maneras insospechadas. Los mismos integrantes de La Cantora, personas privadas de su libertad, se encargaron de encontrar los mecanismos pertinentes para diseminarla en las unidades penales a las que -como castigo- habían sido trasladados/das. Así lo explica Ricardo:“¿Entregar algo que es tan hermoso como la vida? Si la entregamos tiene que ser por algo que es justo, por algo que valga la pena. Y en cierta medida, todos aquellos que estamos privados de la libertad, no todos pero la mayoría, los que supuestamente estamos por una causa “violenta”, somos luchadores. Específicamente me refiero a la gente que está por robo, es luchadora. Somos personas muy sufridas, que la venimos batallando de pibes y luchamos y luchamos y luchamos. Siempre tiramos para adelante. Tenemos clara la meta, tenemos claro el objetivo”.

De este modo La Cantora perdura en el tiempo y se retransmite a través de antenas prestadas en aproximadamente 60 radios de todo el país. Diversos grupos sociales se han apropiado de ella haciendo posible su recorrido.

Otro de los aspectos, es su extensión a los lugares de origen de sus integrantes, esto es, villas, asentamientos, barrios obreros, movimientos de desocupados, y grupos de personas marginadas por su elección sexual, color o religión, como así también familiares de víctimas del gatillo fácil, chicos en la calle o en institutos de menores, portadores de HIV, droga-dependientes, internos/as de neuro-psiquiátricos y trabajadores/as sexuales.
A lo largo de los años y a medida que los integrantes del colectivo de trabajo comenzaban a reconocer el proceso vivido y sus resultados, se fueron sumando actividades. Un recorrido en pos de la recuperación de la libertad perdida.
Es así que hoy La Cantora está instalada, no sólo en las unidades penitenciarias, sino que los compañeros/as que ya están en libertad son los más interesados en difundir el proyecto asumiendo la coordinación del mismo en diversas ciudades del país. Convirtiéndose de esa forma en los multiplicadores directos de La Cantora.

Dentro de los logros alcanzados el colectivo La Cantora está en condiciones de acreditarse objetivos que se fueron conquistando a lo largo de estos años: la articulación con la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP que permitió concretar una nueva oferta académica a las personas privadas de su libertad. Como resultado de esta tarea 95 detenidos/das ya son alumnos regulares de dicha Facultad. Esto fue posible gracias a la lucha inclaudicable -para que se respete el derecho a la educación de todos- que sostuvieron los integrantes de La Cantora dentro y fuera del muro y el compromiso asumido por esta Unidad Académica.

Otra herramienta que hemos tomado como propia para completar nuestro camino hacia una libertad que nos permita construir una idea de mundo más justa y más igualitaria, y como resistencia al sistema imperante que rinde culto al individualismo, nos hemos conformado en cooperativa de trabajo porque entendemos que la construcción se hace posible, no sólo con las ideas sino apostando y sumando al otro/a que espera ser incluido.

Luego de varios años de trabajo La Cantora cuenta con profesionales de la comunicación, del derecho y de la sociología entre otros, artistas plásticos, músicos y teatreros, todos ellos ex-detenidos integrantes del proyecto. Otros compañeros están cursando diversas carreras universitarias en distintos penales provinciales. En su mayoría los integrantes de La Cantora han superado los problemas de violencia y de adicciones entre otros flagelos que los mantenían sometidos. Todos han optado por la vida, no han reincidido y en un alto porcentaje se han convertido en multiplicadores del proyecto.

Su mayor ventaja es estar siempre en los márgenes. Estar, como dice el filósofo francés, “en los lindes”. O como dicen los poetas, estar en la estepa o en la pampa, y poder tomar para cualquier lado, sorprender yendo a cualquier lado, buscar atajos, si se quiere, recorrer los caminos que ya existen, pero recorrerlos de otro modo.

“Acá hay gente que ha perdido la vida buscando justicia, y ha perdido la vida en manos de la gente que maneja la justicia.
Entonces, si se nos trata con violencia tenemos que reaccionar con violencia” (Walter)
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